Españolez 1
Españolez
28- Encuentro de Jose Luis Zumeta con José Luis Merino, El País 26-6-2000.
29- Entrevista de Jose Luis Zumeta con José Luis Merino, periódico municipal Bilbao.
30- Encuentro de José Luis Zumeta con Idoia Marcellan,Eusko news, 2001-09-07.
31- Zumeta, José Ignacio Vidarte, Director general del museo Guggenheim Bilbao.
32- José Luis Merino : Zumeta: 1-2-3, Zumeta 98-99-00, Uribitarte en Bilbao, La Brocha, 2000.
33- José Luis Merino : Pura energía, El País, 26 de junio de 2000.
34- José Luis Merino : El poder de Zumeta, El País, 22 de noviembre de 2004.
35- Carlos Martinez Gorriarán :De los cuadros y los dias de Zumeta, Zumeta 90-91-92.
34- Carlos Martinez Gorriarán : Viajes de Zumeta entre el Atlas y Aralar, Bilbao 1994.
35- Carlos Martínez Gorriarán : Sobre Zumeta, Galería Altxerri, 1995.
36- Carlos Martinez Gorriarán : Zumeta, elogio y fidelidad a la pintura, Zumeta 98-99-00, 2000.
37- Carlos Catalán : Zumeta, la organización del azar, Sala Garcia Castañón, 1996.
38- Kepa Oliden : Zumeta se inspira en el Globo Rojo, Diario Vasco 2010.
39- Rafael Castellano: Zumeta en Atallu, diciembre 2008.
40- Ruiz de Eguino : Zumeta, relato de una pintura vital, Pau, 2010.
41- Bernardo Atxaga : Un cuento para mi amigo el pintor José Luis Zumeta, Bilbao, La Brocha, 2000.
42- Koldo Izagirre : Zumeta, yo nuestro, Zumeta 98-99-00,Donostian, 2000.
43- Biblioteca del museo Artium, Gasteiz, Araba : José Luis Zumeta.
44- Jose Luis Zumeta : Biografia, exposiciones, Bilbao Bizkaia Kutxa, Bilbao 1994.
45- Wikipedia : José Luis Zumeta.
46- José Luis Merino : Zumeta retrospectiva, atzera begira, libro, Gobierno vasco.
«Ahoran sé más que antes de mi pintura»
José Luis Merino,
El País, 26-6-2000
Para el pintor José Luis Zumeta (Usurbil, 1939), este va a ser una año muy internacional. Primero va a exponer en Biarritz del 15 de mayo al 15 de abril, obras de gran formato. En septiembre, lo hará en la Galería Haim Chanin de Nueva York.
José Luis Merino : ¿Hay para usted un acto tan gratificante como el hecho mismo de pintar ?
José Luis Zumeta : A mi el hecho de pintar me da algo especial, que es como coger —a veces no siempre— el presente. Es algo que no pasa en las demás cosas. El instante lo vives como une realidad, apresándolo. Eso es muy gratificante.
JLM : ¿En qué ha cambiado su manera de pintar con el tiempo ?
JLZ : No ha cambiado demasiado, salvo que ha ido adquiriendo más libertades o más limpieza, o que antes trabajaba más a ciegas. Pero, fundamentalmente, desde los años setenta y tantos hasta ahora, creo que no ha cambiado demasiado. Quizá antes era mas orgánico, más vegetal, más en relación con la naturaleza, y ahora tiene un equilibrio con cosas más geométricas. Hay un equilibrio entre lo orgánico y lo geométrico. O sea, una cosa informe y otra cosa que formaliza, para dejarlo más cristalino. Se trata de conseguir un equilibrio entre las dos posturas.
JLM : ¿El compromiso más acuciante del artista reside en resolver los problemas que le plantean los cuadros cada mañana ?
JLZ : Es lo que te llena el día y te llena, consecuentemente, la vida. El quid reside en tener energía para empezar un cuadro. A partir de ahí, el problema que se plantea hay que solucionarlo. Seguir al cuadro donde te lleva, sin tener demasiados prejuicios a priori. Eso es lo más acuciante para mí, ya que es mi vida. En realidad, toda mi vida, o la mayor parte de ella, está basada en la pintura, aunque tenga importancia, asimismo el amor, la familia, las relaciones con los demás. Repito : la pintura es uno de los fundamentos de mi vida.
JLM : ¿Quiere decir que los días en que está sin pintar le falta algo a su vida ?
JLZ : Claro, claro. Sin pintar se hacen muy largos los dias, y tienen a veces hasta mala conciencia, y no te encuentras bien, algo te falta. Es dificil llenarlo, porque no soy una persona muy diversificada en la vida. Prácticamente, mi pensamiento lo tengo en la pintura todo el día. Con las cinco o seis o siete horas que dedico a pintar se llena el día. Y si sale bien, es un día feliz.
JLM : ¿Sigue pensando que pintar es pura impotencia, que sólo afloran los mínimos ?
JLZ : Eso alguna vez lo dije. Quizá ahora sé más que antes de mi pintura. Esa expresión tan radical, por el momento, ha quedado más suavizada. Claro que la impotencia todavía sigue siendo grande. Cuando ahora te salen cosas, a veces sientes que realmente puedes y que eres capaz, y entonces te crees que puedes con todo.
JLM : ¿Ha imaginado alguna vez la llegada de un promotor a su estudia pidiéndole que pinte un mural de veinte metros de largo por cuatro de alto ?
JLZ : Tengo un mural hecho en Usurbil, con 145 metros cuadrados. Pensé que a partir de ahí tendría más encargos. Antes soñaba con el trabajo público. Ahora me he resignado a hacer el trabajo de taller. Sin duda, una ilusión mía ha sido hacer trabajos grandes y públicos.
JLM : ¿Cada lienzo que inicia lleva precedido algo así como una plegaria interior, cuyo lema sería el deseo de no repetirse jamás ?
JLZ : Utilizar los recursos que sabes, todo ello supone un peligro muy grande. Por eso he pintado bastante a ciegas durante muchos años. Ahora con la edad, voy utilizando más recursos, porque tengo que aprovecharlos también an algún momento dado. Sin embargo, he procurado toda mi vida aprender de la que no sabes. Lo que sabes sin saber es lo que aprendes. Chillida suele decir : «Hay que hacer lo que no sabe». Yo quiero aprender de lo que se hace sin saber. Eso te da un poder de renovación y continuamente te vas sirviendo y autoalimentando a ti mismo.
JLM : ¿Le parece que el poder necessita controlar a los artistas? ¿El artista tiene que saber esto y reaccionar rebelándose para sentirse siempre libre?
JLZ : Yo no he tenido esa impresión. Todo lo contrario, nadie se ha acordado de mí en la vida. Y me alegro. Ni siquiera he tenido que luchar contra el control, porque nadie me ha pretendido controlar, ni me ha ofrecido nada. He vivido totalmente independiente de todo eso.
JLM : ¿Las preferencias figurativas comportan una mayor dosis de anécdota?
JLZ : Lo figurativo te da una cierta tendencia literaria.
JLM : ¿La abstracción se sustenta sobre menos apoyaturas?
JLZ : Tampoco hago una abstracción que no tenga ciertas sugerencias figurativas. Es verdad que lo que es evidente como figuración tiendo a eliminarlo. Es una sugerencia figurativa que no llega a concretar.
JLM : ¿En toda gran obra puede percibirse el proceso de su propia creación?
JLZ : No lo creo. Lo que creo es que reconocer el proceso de creación acerca al propio creador ; incluso, a veces, algún error o dificultad que se percibe en la obra es gratificante. Sin embargo, por ejemplo, a mí la Gioconda me parece impenetrable, y esa dificultad es su valor, su enigma y su misterio.
JLM : ¿El arte llega más lejos que el sentido de la belleza?
JLZ : ¿Qué es la belleza? ¿No será lo feo aquello que no hemos descubierto como bello?
JLM : A veces los espectadores ven formas figurativas en trazos abstractos. ¿Por qué?
JLZ : Cualquier forma orgánica es susceptible de sugerir una imagen figurativa, por lo que el espectador puede dar una interpretación diferente, dependiendo de sus vivencias y cultura. Mucha gente puede pasar largo tiempo viendo figuras, escenas observando las nubes, una vieja pared, un bosque. Ese es un mecanismo común y primario. Cuando no existen más que planos y geometría, ese mecanismo no funciona. Y el que se engancha a la obra sólo por referencias orgánicas al arte se encuentra perdido.
JLM : ¿Como lleva lo que parece su lanzamiento internacional?
JLZ : Te refiere a la exposición de Nueva York. No creo que eso tenga una trascendencia grande. Soy el más interesado en que vaya bien, y que guste y que tenga opciones de exponer más veces. Pero no creo que tenga tanta importancia.
Zumeta o la pasión creadora
Entrevista realizada por José Luis Merino
publicada en el periódico municipal Bilbao, fecha sin precisar
Entrevistamos al pintor guipuzcoano José Luis Zumeta (Usurbil, 1939), uno de los tres supervivientes, junto Néstor Basterretxea y José Antonio Sistiaga, del Grupo Gaur. En la actualidad, las obras de Zumeta han llegado a su máximo clímax creativo, a lo que al parecer no es ajeno el acucioso enfelizamiento personal vivido por él de unos pocos años a esta parte.
José Luis Zumeta : Es importante empezar bien, como también puede ser bueno empezar mal, porque te lleva a unos lugares menos familiares ; la inercia, el fluir natural, diría yo, comienza cuando tomas un camino, cuando tienes la visión de un recorrido que te lleva a alguna parte.
José Luis Merino : ¿En qué difiere la energía de los primeros cuadros de su carrera de la inergía inserta en los cuadros del ahora mismo?
JLZ : Creía antes, y todavía lo creo en parte, que la energía estaba en el caos. Caos = energía. Pintaba con desesperación, como acorralado. Ahora pinto de una manera menos forzada. Pretendo enfrentar los antagónicos : lo ligero con lo pesado, lo gaseoso con lo sólido, lo informe con lo formal…
JLM: ¿Se puede trabajar sobre el lienzo en fases donde la mano vaya por delante de la cabeza, y en otras fases donde la cabeza se adelante a lo mano? ¿Quizá convenía recordar lo que decía Rafael Ruiz Balerdi, «yo no sé, la mano es la que sabe»?
JLZ : Trabajar a ciegas, en movimiento irreflexivo, me interesa mucho. Por ejemplo, lo del dibujo automático, eso que sale mientras hablas por teléfono… Hay que aprender de lo que se hace sin saber, con la libertad de un niño muy niño. Confiar en el azar y luego… yo tiendo a manipular el accidente. De todas maneras, que la mano vaya por delante en la cabeza es un impulso animal vivo en el hombre.
JLM : Aquellos que le han seguido desde sus primeros pasos, están convencidos de que es un pintor fundamentalmente muralista. Siendo así, ¿por qué son tan pocas las oportunidades que le han dado para desarollar esas condiciones ?
JLZ : Lo intenté en los años 70. Era lo que más me interesaba. En 1973, hice un mural cerámico en Usurbil, en la trasera del frontón, de 145 metros cuadrados. Luego, otro en Pasajes, para la sala de espera de la estación del ferry que cubría el trayecto Pasajes-Southampton. Más tarde, la empresa desapareció y el edificio lo ocupó la policia y nunca más ha sido público. Después, una entidad financiera ma encargó un mural de 180 metros cuadrados. Aprobaron el proyecto, el presupuesto, compré el terreno, encargué un proyecto de taller, empecé las obras… Al final, cayó en disgracia el ejecutivo que me lo había encargado y me dejaron tirado y en la ruina para unos años. Ahí se acabó mi experiencia como muralista. Eso ocurrió en 1976. A pesar de todo, todavía sueño con que alguien me ponga una gran pared delante…
JLM : ¿Que valoración simbólica otorga a cada uno de los tres colores primarios? ¿Cuál al rojo? ¿Cuál al azul? ¿Cuál amarillo?
JLZ : Mira… no sé qué decirte… es que mi pintura no es simbólica ni alegórica.
JLM : He hablado antes del poder energético de su obra. Pero soy consciente que si se habla exclusivamenta de energía, se olvidan otras cualidades, como por ejemplo, tanto del gran dominio del color como de la inventiva de la forma.
JLZ : Todo cuenta : forma, color, técnica, gesto, composición… pero por encima de todo, debe tener vida. Lo que los chinos llaman «Resonancia del Espíritu» o «Aliento de la Naturaleza».
JLM : Dicho lo anterior, debemos avisar a los navegantes : poco a de valer ser un buen colorista, si en cuanto a la forma se es un inepto…
JLZ : Nunca ha tenido problemas con el color. Yo no sé si se aprende… siempre ha salido natural, sin esfuerzo alguno. En cambio, la forma conlleva aprendizaje e implica exigencia.
JLM : ¿En cada obra se vive una ezforzada lucha entre formas, líneas, colores y entrecruces constantes, producto todo ello de una suma de audacias, rechazos, pausas, arranques, retrocesos, estados de euforia, al lado de miedos latentes, entre otras concecuencias?
JLZ : Estados de euforia, miedos… Pintando, los estados de ánimo cambian constantemente. Es un sube y baja continuo. Una pincelada puede cambiar todo el cuadro. Se alumbra todo y se hunde en la miseria un instante después ; y el cuadro es el resultado de ese recorrido.
JLM : Me parece clave lo que avierte Elías Canetti : «No es lo aprendido lo que yo odio, lo que odio es el hecho de vivir en lo aprendido». ¿Quiere decirse que el espectador con buena salud estética debe aprender a distinguir entre el artista que tira de receta y el que huye de las repeticiones ?
JLZ : Hay varios tipos de expectadores : hay quien distingue el adoctrinamiento y la rutina, y a otros eso les da igual, siempre que la obra responda a sus gustos. Mientras que a otros les basta con la firma. La receta es un gran peligro. Pero también el estilo exige una «maniera» de hacer. Es lo que hace un pintor diferente de otro. Quiero decir que también salir por la voluntad de salir, forzadamente a otra cosa, te puede llevar a una esfera probablemente menos original, más trillada.
JLM : ¿Qué le mueve a no permitir que sus cuadros se alcen por encima de lo normal? ¿Por una especie de rebelión contra los abusos del mercado? ¿Para poder llegar a las gente? ¿O tal vez porque considera un privilegio haber tomado el oficio de pintor —y poder vivir en pintor— como una recompensa más alta que la mayor cotización imaginable?
JLZ : Considero un privilegio vivir del trabajo que me gusta hacer. La libertad es lo que para mí sí que ha tenido un precio en la vida. El precio de la obra… ahí está. Yo qué voy a decir…
Encuentro con José Luis Zumeta
Idoia Marcellan
Eusko news, 2001-09-07, 134 zenb.
Jose Luis Zumeta, pintor : "El comienzo es emocional, y es el color el que me indica cómo he de seguir, qué tengo que hacer, añadir o quitar. Creer sin colores me resulta muy difícil. Sentir, creer... para mí son lo mismo"
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Jose Luis Zumeta los colores le susurran cómo ha de proceder. Partió hacia París en busca de una vanguardia que de regreso a Euskal Herria él mismo personificaría, y si bien al principio causó varias controversias, poco le importaban. En tanto que otros vivían sumidos en el grisáceo franquismo, él se desenvolvía con libertad entre los colores. Y sigue haciéndolo. En el taller de su caserío de Navarra, el hombre que soñaba con ser bohemio se confiesa feliz gracias a su inagotable imaginación.
-¿Cuándo comenzó a ensuciar los pinceles?
Salí de Usurbil por primera vez a los cinco años, para ir a la escuela de La Salle de San Sebastián, en la Parte Vieja. Ahí es donde empecé a dibujar. Solíamos tener unas dos o tres clases de dibujo semanales, y parece ser que se me daba bastante bien. Con trece o catorce años entré a trabajar de prácticas en una empresa gráfica, de modo que me puse a dibujar y a aprender por pura casualidad. Evidentemente, eran trabajos comerciales, pero me ayudaron para empezar a adquirir experiencia. El director, Antonio Valverde, también era pintor, y en tenía libros en la oficina. Entonces empecé a hacer mis pinitos. Poco después fui a la Sección Artística de Guipuzcoa. No había profesores; simplemente venían modelos y posaban. Y así, poco a poco, me fui dando cuenta de que yo quería ser pintor.
-¿No le resultó difícil adoptar semejante decisión?
Quería llevar una vida bohemia: buscar un trabajo, hacer parranda... Tras realizar el servicio militar me fui a París, a pasar unas temporadas no demasiado largas. Cuando veía que necesitaba dinero, regresaba, engordaba un poco, conseguía un poco de dinero, y vuelta. Así, durante varios meses. Para pintar tenía que salir fuera, aquí no había nada que hacer. Mi afán por conocer la vanguardia artística me llevó a otras ciudades. Podía haber ido a Madrid o a Barcelona, pero prefería ir a París. Necesitaba urgentemente romper con el aislamiento impuesto por el franquismo y por la sociedad conservadora. El movimiento parisino me pareció muy interesante. Con el tiempo decayó un poco, pero seguía siendo el punto de encuentro de pintores de todo el mundo: Van Gogh, el impresionismo, Toulouse Lautrec...
-¿Qué encontró en París?
Para empezar, a tres donostiarras: Rafael Ruiz Balerdi, Jose Antonio Sistiaga y Jose Mari Ortiz. Andaba mucho con Balerdi, un poco mayor que yo. Sabía mucho de pintura y aprendí mucho de él. En la calle veía exposiciones, recogía papeles... Tuve la ocasión de ser un auténtico bohemio, a tope. Con la pintura me llevé una gran sorpresa, había norteamericanos y europeos: Cobra, Staël, Pollock, de Kooning, Chagall y Picasso... Como por aquí no había nada, todo me resultaba nuevo. Fui por primera vez en 1959, y desde luego puedo asegurar que me causó una honda impresión. Luego estuve en Londres, y más adelante en Suecia. Fui en moto, con Jose Antonio Artze. Conocí a una chica en París y... no era pintora.
-De modo que ya tenía una excusa...
¡Más que una excusa! Llegamos a Estocolmo en otoño, y al poco vinieron el frío y la nieve... Era bastante duro, un poco triste.
-Sin embargo, su corazón estaría ardiendo...
Por poco tiempo... Durante aquella temporada tuve a la pintura un poco abandonada. Hice algún que otro curso y me fui a Dinamarca para un par de meses. Como no tenía trabajo y me encontraba muy mal, se me ocurrió volver a París haciendo auto-stop. Son cosas que hice siendo joven, con veinte o veinticuatro años. A los veinticinco me casé, y las cosas cambiaron radicalmente.
-¿Qué traía en su maleta, más bien mochila, de regreso a Euskal Herria?
Aquí se respiraba un ambiente costumbrista, donde predominaban las vacas, el caserío, los pescadores y la niebla, con que lo que yo traía resultaba escandaloso. Recuerdo que coloqué una mural en el Ayuntamiento de San Sebastián, y la gente se enfurecía. Causó un enfado general. Hasta entonces nunca habían visto una cosa así. Aquellas obras giraban en torno a la propia pintura, lo que predominaba era el color. Era la primera vez que la abstracción hacía su aparición en la sociedad vasca. Como yo era bastante chulo, aquella postura tan negativa de la gente, ese enfado, no me afectaron lo más mínimo. La verdad es que la obra era muy radical, los colores eran muy vivos, tenía unas líneas horizontales... No tenía una temática definida.
-¿Trataba de desconcertar a la gente?
No, no. Nunca pienso en qué estará a un lado y qué en el otro. Cuando pinto, nunca me paro a pensar en quién verá la obra. A la hora de preparar una exposición sí que realizo una selección, pero al pintar no. De no pintar conforme a mis deseos, me hubiera perdido en el camino.